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Manipulación

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Hace menos de dos semanas la cadena británica de periódicos Johnston Press anunció que ya no contaría con los servicios de muchos de sus fotógrafos staff, quienes deberán  dejar la compañía, luego de que esta revisó el contenido que aquellos generan.

Uno de sus argumentos es que, por ejemplo, en 2011 una de las mejores fotografías tomadas por los lectores fue de un autobús que se estaba quemando, y que -para el momento que uno de sus fotoperiodistas había llegado a la escena- el incendio ya había sido sofocado.

En esta información, aparecida en el blog del Profesor Roy Greenslade, del diario The Guardian, se pregunta si los ciudadanos pueden hacer el trabajo de un fotoperiodista y explica además la situación en que se encuentra el mercado periodístico actual.

Personalmente creo que Greenslade acierta en cómo se encuentra la situación financiera de los medios de comunicación con el advenimiento de la era digital, y al mismo tiempo duda, como todos, sobre cómo impactarán estas decisiones en la calidad del contenido que se ofrece al público.

Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de todo este proceso de cambio profundo en torno a cómo y quiénes manejan la comunicación con la opinión pública, se sigue dejando de lado el revisar qué tan importante es la relación de los profesionales periodísticos con el contenido.

En un mundo en el que los gobiernos (de cualquier tendencia política), la grandes empresas transnacionales, los corporativos y hasta los supermercados, tienen sus propios departamentos de relaciones públicas que distribuyen frenéticamente la información adaptada a sus propias conveniencias, con texto, fotografías y video, y  donde hasta la presidencia del país más poderoso del mundo está a punto de restringir el histórico acceso de los fotoperiodistas a sus actividades públicas, la información que llega hasta los lectores, goza de un sesgo oficial que no solo suplanta la presencia de los periodistas y su acceso analítico a la información, sino que deja abierta la tentación de ahorrar una buena cantidad de dinero en lo que a la generación de información se trata.

 

Si la crisis económica por la que atraviesan los medios se agudiza día a día, y no hay, por ahora, una ventana visible de estabilización, la oportunidad de suplantar a periodistas de cualquier índole por comunicados oficiales, se hace cada vez más profunda.

 

El Profesor Roy Greenslade nos sugiere también, al final de su blog, releer el comunicado de Johnston Press, reclinarnos en nuestros asientos y pensar sobre el estado de la industria de la comunicación. Y creo que nuevamente vuelve a acertar.

En un mundo en el que la manipulación de la información está a la orden del día en cualquiera de sus aspectos, donde la prioridad de mantener a la opinión pública fehacientemente informada ha sido relegada por la lógica preocupación sobre el estado financiero de las empresas periodísticas,  un fotoperiodista que sigue contando con el testimonio irrefutable de que “algo ha sido” (como nos regala el genial Roland Barthes en su libro “La Cámara Lúcida”), es un comunicador que dentro de los medios de comunicación actuales, se ha vuelto redundante.